martes, 26 de febrero de 2013
Aunque la excusa se vista de seda...
Reconozcámoslo: NUNCA es un buen momento para ponerse a dieta. Hoy no porque la semana que viene tengo un cumpleaños, la semana que viene tampoco porque el niño hace la Comunión y el mes que viene no puede ser porque quién sabe si no me invitan a la entrega de los Oscar. Comemos porque estamos tristes, comemos porque estamos contentos, comemos porque nos aburrimos, comemos porque tenemos ansiedad y al acabar de hincharnos de comer tenemos la ansiedad elevada al cubo y 3 kilos de comida engordante en el cuerpo. El caso es que no hay manera, así que hay que buscarla. También, sin embargo, hay que ser realistas. Si nos ponemos a dieta el 23 de diciembre no creo que consigamos nada. Por el contrario, si nos ponemos a dieta unos meses antes, en Navidad podremos hacer dos cosas: 1. Seguir con la dieta, caiga quien caiga y a pesar del pastel de la suegra y el cordero con patatas de la tía Amalia. Por propia experiencia sé que no es nada fácil sentarse a la mesa en Nochebuena con pechuga de pollo en un tupper y decir que el cocktail de gambas sin salsa rosa, por favor, pero también sé que es posible porque yo lo hice. Sí, yo lo hice y lo volvería a hacer una y mil veces porque comprobé que es posible estar un año entero a dieta estricta, sin salirte nada y no morir en el intento. 2. Saltarte la dieta en "ocasiones señaladas". Esta opción la veo acertada si saltarse la dieta significa comerse un trocito de tarta o un puñadito de patatas fritas y al día siguiente compensar comiendo menos y si entendemos el concepto de ocasión señalada como algo que pasa con poca frecuencia. Por el contrario, si saltarse la dieta significa comer como si no hubiera un mañana y las ocasiones señaladas son viernes, sábado, domingo y todas las fiestas, cumpleaños, despedidas de soltero y que el niño ha sacado un 7,5 en matemáticas pues entonces no.
En mi opinión, la opción correcta porque fue la que me funcionó, es seguir la dieta estricta hasta que se consiga adelgazar y luego ir añadiendo comidas más "prohibidas", sabiendo que engordan y que no se pueden comer todos los días si queremos mantenernos. Hay que tener muy claro que si después de una dieta se vuelve a comer como antes de hacerla, lo más lógico es volver a engordar. No podemos olvidar cómo comíamos antes, el poco o ningún deporte que hacíamos, la poca importancia que le dábamos a informarnos sobre lo que comemos y cómo vivimos, el descontrol que muchas veces tenemos y lo mal que nos alimentamos. Hay que tener una rutina diaria estructurada, ordenada. Si nos informamos sobre nutrición nos será mucho más fácil perder peso y mantenernos luego, durante toda nuestra vida. Y no hay que hacerle caso a Dukan ni a su prima del pueblo, ni a las dietas que aseguran que si te tomas 18 pizzas al día sentado en el sofá y 20 pastillas, eso sí, siempre naturales, adelgazarás 4 kilos a la semana. Las dietas se hacen con control médico, aunque con eso ya me cebaré en otra entrada.
Y si los demás comen y no engordan, si se pasan el día en el sofá y no engordan y no saben ni cuántas calorías tiene una tableta de chocolate y no engordan, puede que cuando les cambie el metabolismo, cuando tengan hijos o cuando tengan cierta edad de repente sí que engorden y entonces nosotros les llevaremos la delantera porque sabremos alimentarnos, no dejando de comer, que eso está ya muy pasado de moda sino sabiendo comer bien.
Mi conclusión es que si se necesita perder muchos kilos se tome el toro por los cuernos y no se pare hasta conseguirlo. Mi segunda opción, más realista pero más lenta sería hacer dieta estricta y saltársela un poco en ocasiones señaladas. Definir exactamente cuándo, compensar luego y no ir haciendo concesiones porque si no acabaremos por mandarlo todo a paseo.
Y no, no hace falta que nos toqueteen el estómago en una mesa de operaciones, que está muy bien como está. Otro día ya hablaremos de eso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Me alegro muchísimo que cuentes tu experiencia, a muchos nos interesa y puede ayudarnos.
ResponderEliminarGracias preciosa
A mí también me parece fantástico que compartas tu vivencia con nosotros por dos razones: porque es de admirar el llegar a perder tanto peso y después de bastantes meses seguir viéndote divina de la muerte pero sobretodo contenta, alegre y habituada a tu cambio de hábitosd. Y porque puedes compartir con nosotros información importante para ayudarnos a muuuucha gente a hacer lo que tú hiciste en su día: perder peso y sobretodo mantenerte.
ResponderEliminarYa te pediré consejo, sí, porque aunque estoy orgullosa de haber perdido sin prisa pero sin pausa 23 kilos y no habiendo recuperado ninguno aún querría perder 10 más pero me está costando dios sabe cuánto el sprint final (debe estar relacionado a lo que tú dices: ver que te entra cierta ropa, comprarte esas botas altas jajaja a mí me pasó igual y ya piensas: total, si ya estás bien...)
Bueno no me enrollo más.
Animo con tu blog. Bsos. P.D. no me aclaro para publicar. Soy /Barnacat.